Han cambiado sus nombres. En vez de un bazar, montaron un restaurante de comida típica española. Les encanta conocer la historia de cada lugar en el que viven. Y son de Pekín. El Diari habla con esta familia china tan poco corriente para conocer cómo viven en Tarragona y su opinión sobre los próximos Juegos Olímpicos
Fu Mao-Sen, Zhang Wei y Tamin son una familia de pekineses que viven en Tarragona desde hace 14 años. Acostumbrados a inmigrantes chinos que vienen para ganar dinero y regresar a su país con la recaudación o que emigran unos años con el fin de estudiar una carrera universitaria para después volver a China a ejercer, esta familia de Pekín podría considerarse, cuanto menos, peculiar.
Lo primero que denota su singularidad es que, dentro de su círculo más cercano, el matrimonio pekinés no es conocido como Fu Mao-Sen y Zhang Wei, sino como Pepe y Eva, respectivamente. Tamin, su hijo, es el único que no adaptó su nombre al castellano ya que manteniéndolo en chino no supone una gran dificultad de pronunciación para los occidentales. Incluso su mujer, con la que contrajo matrimonio hace un año y que ha llegado a Tarragona hace apenas un mes, ya es conocida como Sandra.
Fu Mao-Sen (Pepe) fue el primero en llegar a España hace 18 años. Vino por los difíciles tiempos que se vivían en China. Estuvo en Barcelona y Zaragoza antes de instalarse en Tarragona hace ya 14 años. Se decantó por esta ciudad porque “la gente es más simpática, hay más libertad. Es una ciudad mediana, no muy grande, pero hay de todo. No me fui de Pekín para vivir en otra ciudad, como Barcelona, en la que todo también estuviera tan apretado”. Por el momento, no tiene intención de regresar a Pekín para quedarse como sí podrían haber hecho otros inmigrantes chinos. La mayoría de población china en Tarragona se concentra entre las edades de los 25 y los 44, según datos de 2007 del Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras que a partir de los 45, la cifra empieza a descender significativamente, tanto en hombres como en mujeres. Estos datos llevan a pensar que muchos de los inmigrantes acaban regresando a su país de origen.
Pekín y Tarragona son dos ciudades muy distintas. Pepe, Eva y Tamin se encontraron con diferencias muy significativas, especialmente la “libertad, paz y tranquilidad” con la que se vive aquí. Se adaptaron rápido, aunque comentan que “cuando llegamos no veíamos diferencias entre los occidentales. No sabíamos distinguir entre un español, un francés y un alemán, por ejemplo”. Ahora ya son capaces incluso de distinguir entre los habitantes de cada comunidad autónoma. A ello, les habrá ayudado el hecho de que les encanta viajar por España y lo hacen con asiduidad cada vez que pueden.
Otra peculiaridad de la familia Fu es su procedencia, aún siendo de China. Aunque en Tarragona hay 3.055 inmigrantes que provienen del país asiático, Eva asegura que “somos la única familia de Pekín en Tarragona. La mayoría de los chinos que viven aquí vienen del sur”. Sean del sur o del norte, la población china en nuestra ciudad ha aumentado en 751 personas en un año, según el INE, un incremento del 24,6%: de 2.304 chinos en Tarragona en 2007, la cifra ha ascendido a 3.055 en 2008.
Comida con sabor español
Pero, sin duda, la mayor diferencia con el resto de sus compatriotas es que no regentan ni un bazar ni un restaurante chino. Un restaurante sí, pero de comida tradicional española. La idea surgió de Pepe quien confiesa que “nunca he sabido cocinar comida china”. Decidió contratar a un chef español y montó el negocio en La Pineda, el restaurante Promar. La cocina de Promar tiene una gran acogida y aceptación entre la clientela, prueba de ello es que sus clientes son mayoritariamente españoles.
No obstante, los prejuicios y la desconfianza hacen que, en algunas ocasiones, “hay gente que ve que el restaurante lo llevan chinos y dan media vuelta y se van. Después deciden volver, se dan cuenta de que la comida es española, la prueban, les gusta y, muchas veces, repiten”, explica Tamin.
La oportunidad de los JJ.OO
Los Juegos Olímpicos de Pekín que tienen su inicio el próximo 8 de agosto supondrán, según Pepe, “una puerta abierta al mundo” para China y, especialmente, para la ciudad que los organiza. La celebración de este evento está haciendo que los pekineses, que “antes eran muy cerrados”, se estén esforzando en aprender idiomas para recibir lo mejor posible a los turistas.
Sin embargo, la polémica del Tíbet está enturbiando los preparativos de los Juegos. Tamin cree que “el gobierno chino no facilita la información completa para no generar alarma social”. Lo que sucede es que esa estrategia podía servirles antes, pero con la celebración de las Olimpiadas, Pekín está repleto de periodistas que van a cubrir el evento y es imposible controlar todas las noticias que se generan. Los tibetanos han aprovechado esta situación que les brinda la cobertura periodística de los Juegos como altavoz al mundo. Para Tamin “ni la versión que se da de los hechos allí (en China) es completa, ni la que se da aquí es totalmente cierta”.