En España mueren al año entre 70 y 150 niños por ahogamiento, el 86% de ellos fallece en instalaciones privadas
El mayor riesgo lo corren los pequeños de entre 1 y 4 años. Así lo señala un estudio de la Asociación Estatal de Víctimas de Accidentes (DIA) que también advierte entre tantas víctimas hubo una circunstancia común: fueron perdidos de vista en los cinco minutos previos al percance mortal.
Todo sin tener en cuenta que una imprudencia a la hora de saltar al agua también puede tener consecuencias nefastas. Según anuncia el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, desde el año 2000, 46 personas fueron atendidas por graves traumatismos con afección a la médula por una zambullida incorrecta.
Las respuestas de la industria
Conscientes de la existencia de un mercado en torno a la seguridad de los niños, la industria de la seguridad ha creado productos para facilitar la vigilancia de los menores cuando utilizan las piscinas. Entre los productos más innovadores destacan las pulseras-alarma para para niños, que consisten en un emisor que el pequeño lleva en la muñeca y que está en constante comunicación con una centralita. Al contacto de la pulsera con el agua, la comunicación se pierde y salta la alarma.
El dispositivo funciona tanto en agua dulce como salada, tiene un perímetro de seguridad de 30 metros, funciona con pilas y puede resistir una fuerza equivalente a la de un niño de cinco años. El coste de la pulsera oscila desde los 69 hasta los 500 euros. Se pueden adquirir tanto en internet, como en grandes superficies dedicadas a las herramientas, hogar y jardinería.
Otra opción son las alarmas de movimiento, un detector de caída de objetos al agua. Cuando la alarma detecta un objeto de más de 4 kilos que entra bruscamente en el agua se dispara y suena con contundencia.
Esto no excusa que, en el caso de las piscinas privadas, el acceso de los niños debe estar restringido tal y como marca la normativa. El espacio debe contar con una valla. Su altura debe ser siempre igual o superior a 1,10 centímetros.
Vigilancia imprescindible
Pero tantos avances tecnológicos para la seguridad de los niños no pueden sustituir la principal medida de seguridad: la vigilancia atenta de los padres.
La medida de la distancia a la que se debe tener a un niño pequeño que se baña en una piscina o está cerca de ella es de un brazo, no importa que lleve sistemas de flotación o de que haya socorristas vigilando.
Hay que tener en cuenta que hasta los flotadores pueden dar una falsa sensación de seguridad, ya que siempre se pueden desinflar o desprender sin que nadie se de cuenta.