El placer de consumir en una terraza se está convirtiendo en un capricho asequible pero caro. Los propietarios de estos locales aseguran no notar descensos en la afluencia de clientes
Helado o no helado. Ésa es la cuestión. Hace calor, uno está cansado, necesita sentarse y tomarse algo. No pide nada más que reanimar a su pobre garganta seca del calor. Llega a la céntrica plaza del Mercadal, se topa con un mostrador de una heladería y se le iluminan los ojos. Piensa «¿chocolate o stracciatella?». Cuando se decide, viene el momento de tomar conciencia de que cada acto conlleva unas consecuencias. Y oye la voz del verdugo: «Cucurucho con dos bolas. Tres euros y ochenta céntimos, por favor». «Ya puedes disfrutar del helado», piensa uno para sus adentros.
«Hoy en día ya no hay nada barato». Es la terrible conclusión de José Morant, un ciudadano al que, como a casi todos, le gusta disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Si le dejan.
Pero que no cunda el pánico. En la misma plaza del Mercadal uno puede escoger la terraza que más se asemeje a sus gustos personales. Los cafés más baratos de la explanada son los de la Casa Coder y los de GaudiR Terrassa, que cuestan un euro con diez céntimos. En el GaudiR, además, te regalan una galletita. Sin embargo, el euro y medio que se ha de pagar en la terraza del Café de Reus no impide que la gente no se decida por escoger esta cafetería emblemática: «Desde que han abierto las terrazas del GaudiR y de la heladería Farggi hemos notado una ligera diferencia de clientes, pero eso es lógico, porque la gente se reparte por toda la plaza», comenta Manuel Justicia, encargado del local.
Alexis Mor, propietario de la heladería Farggi, asegura que «lo que la gente quiere es tener una terracita en la que poder disfrutar del verano. Ése es nuestro problema: más que la crisis, lo que más afecta al negocio de Farggi es que sea la única heladería de Mercadal que sólo puede montar su terraza por las tardes». Manuel Justicia añade que «el día que ya no vaya nadie a las cafeterías significará que el país realmente se está yendo a pique».
Opiniones contrarias
Los camareros, encargados y propietarios de las heladerías de la plaza Mercadal coinciden en lo mismo: la crisis no les afecta. «Todavía nadie se queja de las subidas de precios y la clientela sigue siendo la misma que desde hace años», comenta Daria Todorova, una de las camareras de Tiramisú, heladería artesana de la plaza Mercadal. Los que han de pagar, sin embargo, no están del todo de acuerdo con las conclusiones a las que han llegado los comerciantes. «Me he tomado un refresco en la heladería La Ibense, al lado del centro comercial El Pallol, y me ha costado 1,70. Y encima he tenido que ir a la terraza a llevármelo yo misma», explica Carmen Silvente, una reusense que asegura no volver jamás a la heladería.
Por su parte, en la heladería argumentan que el precio en terraza es el mismo que dentro del local: «Pensamos que este sistema beneficia al cliente. Él pide, paga y no tiene que esperar a un camarero al acabarse el helado para que le traiga la cuenta. Además le sale más barato».
Los precios de los cafés y los helados se fijan en función de varios criterios. «Nosotros pagamos impuestos por la terraza en función de los metros cuadrados que ocupemos -comenta Manuel Justicia-. Si la zona es muy transitada, también influye en el precio final de nuestros productos». Para otras terrazas como el Farggi o el GaudiR Terrassa el precio de la competencia es uno de los factores clave a la hora de fijar precios: «En la terraza del GaudiR viene gente de toda clase porque es un local económico en comparación con otros establecimientos», asegura Coral Campos, propietaria del GaudiR.