Irache Quintanal vuelve a ser la de siempre. Ayer, tras confirmarse su pasaporte para los Juegos, el tono de su voz era de nuevo el de esa chica alegre, combativa y con ganas de superarse que todos conocíamos antes del suplicio que ha tenido que soportar. Tenía tantas ganas de acudir a Pekín, guarda tantos recuerdos de su presencia en la capital china con motivo de la Universiada, que tras confirmarse su clasificación olvidó de golpe y porrazo el brote de meningitis que la mantuvo hospitalizada durante tres semanas y le impidió rendir al cien por cien en el Campeonato de España del pasado fin de semana. Pocos, muy pocos, creían que acabaría acudiendo a los Juegos y la daban ya por descartada. Ayer su voz nada tenía que ver con la que veinte días atrás, desde el hospital, un tanto hundida, me confirmaba que difícilmente estaría en Pekín y tampoco en la presentación del libro ‘Olímpics tarragonins’, del que es una de las protagonista. Su padre la suplió en aquel acto, en el que todos le deseamos una rápida recuperación. Afortunadamente, así ha sido.