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Jonàs Macip, en Porrera, rescata la antigua destilería familiar y la transforma en una bodega con vinos de pequeña producción

Rafael Servent

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Jonàs Macip, en las tierras familiares. Foto: Fabián Acidres

Jonàs Macip, en las tierras familiares. Foto: Fabián Acidres

No tantos podían intuir, entrados los años ochenta del siglo pasado, la revolución vitivinícola que iba a experimentar el Priorat apenas una década después. Una explosión de bodegas y nuevos vinos que no ha dejado de crecer hasta hoy. Pero todavía menos imaginable era que, en ese resurgir, volviesen a la vida edificios como La Fàbrica del Giol, en Porrera, prácticamente un siglo después de que abandonase su actividad. Y que lo hiciese como bodega.

La Fàbrica del Giol es el nombre con el que en este municipio del Priorat se conocen las antiguas instalaciones de la destilería que Anton Giol Eduard mantuvo activas hasta poco antes de la guerra civil española, y que remontaban sus orígenes al siglo XIX, en una tradición vinculada a la industria del aguardiente de Reus.

Ahora, uno de los biznietos de ese empresario ha rescatado ese patrimonio industrial para enlazarlo con la tradición agrícola familiar, en una nueva vida para la destilería Giol en forma de bodega con vinos de variedad autóctona y de paraje. Se trata de Jonàs Macip (48 años, Porrera), que tras una década como ingeniero técnico industrial en Barcelona, en el año 2004 decidió regresar al Priorat para dedicarse a cuidar las tierras familiares y, en un futuro, elaborar sus propios vinos.

Aunque nunca se había desvinculado del todo de las tierras que siempre ha cuidado su padre. Como tantos otros de su generación, Jonàs Macip fue durante años un agricultor de fin de semana y festivos, ayudando a mantener las tierras y a plantar muchos de los viñedos que han hecho posible arrancar ahora con su proyecto. «Siempre que plantábamos alguna nueva viña -explica- lo hacíamos con la ilusión de hacer un vino en algún momento. Vas replantando, recuperando viñas... y hay un momento en el que eliges». En su caso, eligió dejar Barcelona.

Estos son los seis vinos que produce hoy Giol Porrera. Foto: Fabián Acidres

De ahí nace Giol Porrera, una bodega que toma como referencia el apellido con el que sigue conociéndose la antigua destilería, pero también las tierras en las que se cultivan sus uvas: Mas d’en Caçador de cal Giol (12 hectáreas, de las cuales 6 de viña) y Les Sentius de cal Giol (3,5 hectáreas, de las cuales 1,6 son viñedos).

Rehabilitada parcialmente en el año 2018 con la puesta en marcha de 220 metros cuadrados de bodega, La Fàbrica del Giol es ahora el lugar en el que se elaboran unos vinos «de agricultura familiar de montaña», según cuenta Macip, ligados a la tradición y a la tierra.

El primero en salir al mercado, el 27 de febrero de 2020, fue Giol Porrera, un tinto DOQ Priorat con una producción de 3.200 botellas y un precio de venta al público de 18 euros. «Dos semanas después -recuerda Jonàs Macip- empezó el confinamiento».

«Siempre que plantábamos viñas lo hacíamos con la ilusión de hacer un vino algún día» (Jonàs Macip)

Eso no les detuvo, y junto a ese vino produjeron dos blancos (uno de ellos, con una variedad autóctona de uva), con precios de 16 euros y 24 euros, respectivamente, y se prepararon para la próxima salida al mercado de su primer Vi de Paratge, un tinto cosecha 2019 al que han llamado Mas d’en Caçador, como las tierras que le dan nombre, del que esperan producir unas 600 botellas. A él se sumarán dos nuevos vinos dulces, con producciones de 300 botellas en cada caso.

Algo quedó pendiente, sin embargo, con la llegada de la pandemia: la apertura de su bodega al público. Jonàs Macip quiere una bodega abierta, donde los visitantes puedan conocer la historia que hay detrás de sus vinos. Confía en que ese momento llegue pronto.

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