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Esa fea costumbre

A galeras a remar. Eduardo Abenójar ha puesto en riesgo su salud no para dejar de pagar créditos, sino para algo tan básico como hacer la compra de primera necesidad

FRANCESC TORRENTE

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Eduardo Abenójar, el lunes ante la puerta del Ayuntamiento, cuando empezó la huelga que hambre que finalizó el viernes. FOTO: PERE FERRÉ/DT

Eduardo Abenójar, el lunes ante la puerta del Ayuntamiento, cuando empezó la huelga que hambre que finalizó el viernes. FOTO: PERE FERRÉ/DT

«Siento si molesto pero tengo la mala costumbre de comer cada día». Estas palabras son de un amigo. Un amigo que ha tenido los ‘collons’ de poner en riesgo su salud por una idea, por una necesidad y por un anhelo. Y qué menos a un amigo que darle voz y más cuando tiene razón y representa a miles y miles de ciudadanos de este país entre los que un servidor se encuentra.

Eduardo Abenójar es el presidente de la Asociación de Restauración y Ocio Nocturno de Salou (ARONS) y como tantos empresarios y trabajadores de la noche hace diecinueve meses que no trabaja. Diecinueve meses que llevan sin ingresar un solo euro. No hablo sobre dejar de pagar facturas, créditos, pólizas e hipotecas; esas hace tiempo que muchos dejaron de abonarlas, hablo de algo tan básico como hacer la compra de primera necesidad. Porque, como dice Eduardo, tienen la fea costumbre de comer cada día. Y llegó hasta tal punto que dijo ¡basta! Y lo hizo frente a su casa y la de todos, con algo tan radical como dejar de ingerir alimentos, sentándose en un banco bajo las banderas de Salou, España, Catalunya y Europa con la esperanza de que su súplica llegara a oídos de los que representan esos cuatro trozos de tela. Siempre arropado por otros empresarios, de nueve de la mañana a tres de la tarde. Cuando fui a hacerle compañía debo decir que por esa entrada del ayuntamiento vino mucha gente expresamente, unos lo conocían y otros no, pero todo el mundo le daba su apoyo y cariño.

Agradezco de antemano la solidaridad que muestran todos los políticos con esta situación, pero con su solidaridad no se llena el estómago ni se pagan las facturas. Es aquí donde los representantes locales han de ser la punta de nuestra lanza y defender a sus vecinos por muy atados que estén a unas siglas. Como dice la cultura popular, «cuando mi casa se quema mi palabra no vale». Y hay que hacer lo necesario para decir a quien corresponda que eso no está bien. ¡Y sí! La salud es lo primero, pero hay fórmulas que permiten a esta gente ganar el pan. Y no me vale la solución endeudarse más a través de créditos ICO, sin ser licenciado en economía sé que cuando acabe el año de carencia y toque devolver ese préstamo entraremos en un estado crítico, la pena es que como esto siga así ya será tarde para muchos de estos empresarios. Tampoco me vale lo de negociar una rebaja del alquiler con los arrendadores, a ellos el banco no les perdona ni un céntimo.

Aquí en Catalunya queremos ser los más europeos y seguir la estela de países como Francia y Alemania, que han cerrado completamente sus negocios no esenciales, pero se olvidan de que los gobiernos han mantenido a su pueblo con ayudas directas. Mientras nuestros vecinos de Madrid no dejan a nadie atrás aquí cierran los ojos, tapan los oídos y se solidarizan con nosotros. Al final tendré que darle la razón a aquel que dice que somos una especie de tercer mundo asfaltado. Aquí las discotecas, pubs, feriantes, pizzerías, hamburgueserías y un sinfín de negocios que tienen su actividad preferente entre la tarde y la noche se nos ahogan por el camino, con ayudas irrisorias como salvavidas que no sirven ni para vivir un mes. No es normal, como dice el Sr. Granados, que PortAventura siga cerrado mientras se ha podido ir a esquiar durante el invierno, y siento si repito el agravio comparativo pero es que somos la única comunidad autónoma que no permite abrir sus parques de atracciones. El virus no entiende de fronteras ni tampoco de economías.

Quiero felicitar a las seiscientas personas que arroparon al sector en la manifestación del jueves, aunque se echó de menos a más de uno, son estas muestras de cariño las que hacen que sigan luchando y no se den por vencidos. Por último decirle a Eduardo que su mensaje ha sido enviado, esperemos que también recibido, a quien corresponda. Y somos muchos los que nos alegramos de que haya abandonado la huelga de hambre porque sí, la salud es lo primero.

Francesc Torrente es periodista y gerente del Restaurant del Mar de Cambrils

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