El lanzamiento del helado ‘gourmet’ fue la innovación que se presentó este martes en sociedad en el acto de reconocimiento a esta empresa afincada en Salou desde hace 50 años
En el transcurso de estos 50 años de artesanía y tradición familiar Julio Vilaplana Montero director de La Ibense, cree que el espíritu que ha mantenido vivo el negocio ha sido sin duda alguna el sacrificio y la pasión por hacer las cosas bien hechas, teniendo siempre la calidad como punto de referencia. Aunque en ocasiones esa llama ha zozobrado a causa del cambio generacional y la convivencia de las mismas.
Pero paradójicamente, la unidad incondicional de estas generaciones constituye al mismo tiempo el pilar fundamental de esta empresa familiar.
Vilaplana nos cuenta que los inicios fueron duros «mis abuelos cuando llegaron a Salou, lo primero que hicieron fue montar una barraca de madera en el espigón del muelle tal y como hacían los feriantes o el churrero, además dormían en ella». Desde entonces hasta donde han logrado llegar no tan sólo ha transcurrido medio siglo de historia sino que cinco generaciones heladeras y tres en la capital de la Costa Daurada han ido paulatinamente consolidando el negocio. «Yo diría que lo más importante es que han pasado tres generaciones por una misma línea de negocio y continuamos estando aquí». Ayer, en un homenaje que se llevó a cabo en el TAS, Vilaplana reconocía como «no es fácil asumir la dirección de una empresa, es un papel que requiere mucha responsabilidad y es muy importante no mezclar familia-negocio».
Vilaplana es consciente de que su padre supo renunciar al cargo de directivo y este tipo de pruebas sólo son capaces de hacerlas personas generosas. «Lo que ha hecho mi padre es algo digno de admirar, y si no lo hubiera hecho no hubiéramos continuado porque llega un punto en que la convivencia es muy dura». Ahí radica el gran éxito heladero de La Ibense, según Juli Vilaplana, en que «hemos sabido incorporar en el trabajo a la quinta generación, que sepamos estar todos juntos, hayamos encontrado nuestro lugar y estemos a gusto allí donde nos ha tocado".
Legado familiar y presente
Julio Vilaplana asegura que las empresas familiares ofrecen un extra de amor a la clientela. «No sé si la gente es consciente de que no sólo es un trabajo que consiste en la elaboración de helados sino que hay un apartado de afecto, que diferencia las empresas familiares de otro tipo de empresas».
Por eso su ‘modus operandi' y su filosofía es que la calidad esté presente aún por encima de la rentabilidad . «Cuando ideamos un helado en lo último que nos fijamos es en el coste, pero es parte de la filosofía que hemos heredado de nuestros abuelos, quienes siempre decían que aquél que haga helado y cuente lo que le cueste hacerlo, aquél realmente dejara de ser un buen heladero».