Antoni Coll -
29/06/2008 17:28
Si viviéramos en una colonia, como la India en tiempos de Gandhi o el Congo en tiempos de Lumumba; o en una dictadura, fuera nazi, comunista o fascista, la lucha de Ibarretxe sería admirable.
Si al menos hubiera en España discriminación racial como en otro tiempo en Estados Unidos o en Suráfrica, podría ser un Luther King o un Mandela.
Pero en un Estado democrático que se prohíbe a sí mismo aplicar la pena de muerte a quienes matan, y que convoca cada cuatro años elecciones generales, municipales y autonómicas, revestirse de víctima de la ley tiene poco sentido. Lo tiene menos aún si quien lo hace se encarga cada día de gobernar, es decir de aplicar la ley a otros.
Ya es suficiente con que ETA se considere con derecho a saltarse la ley cuando no le gusta, para que aparezcan otros.