Antoni Coll -
Tarragona -
22/06/2008 16:19
Como vencedor de una carrera de obstáculos hacia el centro, Mariano Rajoy ha ido saltándolos todos: Esperanza Aguirre, Juan Costa, Gabriel Elorriaga, María San Gil, El Mundo, la COPE… y al final ha llegado a revalidar su liderazgo.
Ha logrado que Acebes y Zaplana se quitaran de en medio con elegancia (condición inevitable para creer que algo cambia) y ha puesto por sorpresa en los primeros puestos a dos mujeres desconocidas de la mayoría: Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Para completar el cuadro se ha apoyado en Javier Arenas y en Ruiz Gallardón, la bestia negra del sector más conservador.
Algunos han escrito: por fin Rajoy se libera de la sombra de Aznar y comienza a ser él mismo. Esto merece aplauso. El peligro está en que se confunda el centro con un café descafeinado. Las convicciones deben ser firmes. Otra cosa es que se defiendan sin aspavientos, exageraciones, insultos o descalificaciones. Más que el fondo, el PP debe cambiar las formas.