Alex Saldaña -
10/07/2008 08:00
No seré yo –Dios me libre– quien juzgue la capacidad de Agustí Mallol para desempeñar el cargo para el que ha sido designado. De hecho, le deseo mucha suerte en su nuevo cometido. Pero he de reconocer que su andadura en Sirusa no empieza precisamente con buen pie. Parecía obvio –entraba en todas las quinielas– que el ex concejal sería colocado en alguna empresa o institución municipal o pública; era cuestión de tiempo. Sí, pasa en todos los sitios: los favores tienen un precio, nadie hace algo por nada. Ni siquiera Mallol. Y el rol que jugó en los últimos días de la pasada legislatura se ha visto recompensado. No resulta sorprendente. Aunque sí que supone una pequeña decepción la forma en que se ha conducido el tema, que no sólo ha molestado a los trabajadores de la empresa en cuestión, sino que también ha merecido la censura de todos los grupos políticos, a excepción, claro, del PSC. Sí, es una norma común, pero también una lástima. Uno, quizá en un exceso de candidez, llegó a pensar que algunas cosas cambiarían en Tarragona.