Alex Saldaña -
19/06/2008 8:04
Siempre he pensado que el inmigrante que trabaja, come, vive, ríe y llora en Tarragona es de Tarragona, es uno de los nuestros. Por eso siento que la tragedia de Edgardo Bononi es una tragedia para esta ciudad. Este argentino, que llevaba tres años en Tarragona trabajando para una empresa de autobuses, tenía pensado beneficiarse del reagrupamiento familiar en octubre y traerse a la mujer y a los cuatro hijos que dejó en su país natal hasta que «echara p’alante», toda vez que ya había hecho de Tarragona su nuevo hogar. Pero la desgracia se ha cebado con él. Su mujer y tres de sus hijos han fallecido intoxicados por la mala combustión de una estufa. Nunca conocerán Tarragona, esa ciudad de la que con tanta ilusión les hablaba Edgardo.
Una ciudad que aún tiene fresco en la memoria el recuerdo de una tragedia similar, la de otro hombre que perdió a su mujer y a sus tres hijos en una explosión en la Rambla Nova. Son dos accidentes que han golpeado sin piedad a dos tarraconenses, dos tragedias que hacen a uno cuestionarse la existencia de cualquier justicia, incluso la divina. Impotente y torpe para hallar las palabras que expresen el dolor que siento, sólo quería mostrar mi apoyo a Edgardo y ofrecerle mi hombro. Para lo que necesite.