Cada vez más personas intentan, arriesgando su más preciado bien, sus vidas, llegar de África a Europa en frágiles pateras. (...)
Son tantos que desbordan el intento de recepción. Su proyecto vital es: trabajo y papeles. Cuando consiguen contactar con alguien no que los oiga, sino que los escuche, comienzan la adaptación a una nueva vida, más parecida a la de un ser humano en sociedad. Tienen un fundado temor a que en cualquier momento las autoridades los pueden obligar a volver.
Aquí el juego es suma cero, unos tienen que perder para que otros ganen, el viaje organizados por gente sin escrúpulos. Llegados hasta aquí, otra dimensión de la realidad aparece: la integración en un entorno poco adecuado para ellos. Son, queramos o no, el salvavidas de nuestro bienestar social, especialmente el de nuestras poco fértiles generaciones. Si aceptamos esto, mejor será la convivencia. Nosotros, los del primer mundo, estamos obligados a aceptar la multiculturalidad como futuro, bañados en un alto grado de mestizaje y tolerancia. La Historia es así, y seguro que así seguirá siendo.